EL SUPREMO EJERCICIO DE LA LIBERTAD


Una combinación de su nombre y apellido conforman su sobrenombre: Moski. Así conocen a Oscar Moscardini, en confianza, quienes han compartido alguna experiencia con él en el mundo del riesgo de desastres.

Analista de riesgo, profesor y científico, Oscar lleva décadas acercando la ciencia a la gestión del riesgo desde las políticas públicas, gracias a su profundo conocimiento del territorio argentino y las amenazas de origen natural. Quienes han tenido oportunidad de trabajar con él no dejan de sorprenderse por la velocidad con que ejecuta y desenvuelve el trabajo analítico. Eso sí, su inteligencia se expresa en referencias, y sus emociones en ironías, por lo que no es fácil mantener con él una conversación coherente demasiado tiempo.

Conoció en dos oportunidades a la URSS, una de ellas para ser parte de la comitiva de Naciones Unidas de apoyo al desastre de Chernóbil. Vivió y trabajó en distintas provincias argentinas y jamás se cansa de hablar de sus tiempos en la facultad de exactas.

Un apasionado de los volcanes y la historia, la música cursi suele ser una constante en su oficina en la Dirección Nacional de Protección Civil. Hagamos pública una intimidad que conocen pocos: a veces desde el pasillo se escuchan gritos. Es Moski que está cantando.

Conozcamos más a Oscar Moscardini.

Analizar y educar desastres

¿Cuántos años llevás trabajando en protección civil en Argentina? ¿Cómo llegaste y de qué manera nació tu interés por los desastres?

Empiezo al revés. Mi interés por los desastres empezó cuando era chico. No elegí, me eligieron. Tenía un abuelo que era extraordinario y que había recorrido parte del mundo cazando cuanto bicho cazable hubiera. En esas circunstancias fue testigo de muchas situaciones de desastre (inundaciones, tornados, terremotos y hasta algún volcán humeante) que me relataba junto con sus historias de cacería.

No salí cazador, pero los desastres naturales se prendieron de mi imaginación para siempre.

Cómo llegué a protección civil…Entre diciembre de 1983 y septiembre de 1986 tuve un paso más político que técnico por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, que incluyó un inolvidable “tour” por la entonces Coordinación General de Defensa Civil de la Provincia. En noviembre de 1986 recibí un llamado del entonces Director Nacional de Defensa Civil del Ministerio de Defensa, el Dr. Daniel Cohan.

Dani tuvo el privilegio de ser el primer civil nombrado al frente de una unidad sustantiva del Ministerio de Defensa. La administración estaba en manos civiles, pero los Organismos que tenían misiones y funciones relacionadas con la Defensa estaban en manos de militares retirados. Él, dirigente radical de La Matanza, hombre de confianza y amigo de Alfonsín (a la sazón Presidente de la Nación) y un tipo extraordinario (que lamentablemente falleció en 1997, con poco más de 40 años), rompió la racha y abrió el camino para los civiles en la estructura de Defensa.

Te decía, me llamó Rodolfo Paz, secretario privado de Dani y, hoy en día, mi hermano de la vida, y me dijo que el Director Nacional me esperaba para charlar de temas de gestión. Yo estaba desocupado y fui a la entrevista en la que me propuso asesorarlo, dada mi experiencia en el tema en la provincia de Buenos Aires. Fui por seis meses, con un contrato precario, y me quedé 28 años, por ahora.

Fui ocupándome de distintos temas, hasta que a principios de 1988 me asignaron asistir a un consultor de Naciones Unidas contratado para evaluar el riesgo que corría el Valle del río Negro ante el colapso de El Chocón. Se trataba del gran Julio Kuroiwa Horiuchi, primer ganador del Premio Sasakawa (el Nobel de la gestión de riesgos). Trabajando con él empezó mi verdadero aprendizaje y entendí que había encontrado mi “nicho ecológico”.

¿Cuáles fueron tus experiencias en desastres más impactantes? ¿Cuáles forjaron tu camino como analista de riesgo?

Chernóbil, sin duda.

El Chocón, aunque no fue un desastre, pero no por casualidad ni por el pasaporte argentino que tiene Dios, sino porque mucha gente trabajó muy bien.

Hasta El Chocón yo tenía una idea medio lineal de este trabajo. La relación con el Ing. Kuroiwa, un grande, un genio generoso y un maestro de alma, me llevó a cambiar mi visión de lo que hoy llamamos protección civil o gestión de riesgos.

A cualquiera que empiece le recomiendo leer “Natural and Man Made Hazards”, escrito por don Julio en la década del ´80. Ahí está la esencia de todo.

La erupción del Llonquimay en diciembre de 1988 y fundamentalmente la del Hudson en 1991.

Todas estas experiencias afirmaron mi convicción que cuando uno conoce profundamente los fenómenos que producen desastres, la incertidumbre se reduce y la eficacia aumenta.

Fuiste uno de los creadores de la Tecnicatura Superior en Defensa Civil. Contanos qué te movilizó a ello y qué pensás acerca del lugar que tiene la educación en la gestión del riesgo de desastres.

Bueno, en esta pregunta hay encerrada una falacia. La tecnicatura Superior en Defensa Civil tiene un solo creador y ese es Víctor Capilouto, te digan lo que te digan. Surgió de las ideas, de la cabeza de Víctor cuando era Director general de Defensa Civil de la Capital Federal. Yo solamente empujé el lápiz para armar la currícula y lo ayudé en los trámites para que fuera aprobada.

El riesgo de desastres es, por necesidad, una actividad interdisciplinaria. El tema es que esa condición te lleva a imprimir un sesgo a los proyectos que depende de tu formación previa. Si venís de las ciencias sociales la carga del proyecto va a estar en lo social y si, como yo, venís de las ciencias duras vas a creer que el aspecto humano de la ecuación se soluciona con un par de números sacados del último censo.

El tipo que tiene formación en gestión de riesgos va a ver la totalidad de los aspectos, va a elaborar proyectos contemplando todos los aspectos y va a conducir a los profesionales especializados en cada disciplina para que profundicen los detalles en las áreas de su competencia. En definitiva, el especialista formado en gestión de riesgos va a ser un guardián del equilibrio.

Más allá de eso, hace años que en los planes de estudio de nivel primario está incluida la enseñanza de defensa civil, lo que generalmente no se cumple por falta de tiempo, materiales específicos, ganas, etc.

Creo que la educación juega un rol fabuloso que todavía no alcanzamos a aprehender en su totalidad y creo que algunas carreras de grado deberían tener especializaciones o diplomaturas de posgrado en gestión de riesgo.

Ese camino lo ensayó Brasil con la experiencia de los CETREM (centros de entrenamiento) en la década de los ´90 y le fue espectacularmente bien. Consistían en posgrados en gestión de riesgo en tres universidades de tres regiones distintas del país; Norte, Planalto y Sur. Me tocó enseñar en el CETREM SUL (Universidad del Estado de Santa Catarina) y, más allá de la experiencia personal, es algo que dio muy buen resultado.

Una vida contiene otras vidas

Sos un orgulloso de tu linaje. Contanos alguna anécdota de la historia de la familia...

Uyyy! Acá vamos en cana. Mi abuelo fue una fuente de anécdotas inagotable, también uno de los primos de papá de la parte austríaca de la familia, que empezó la segunda guerra mundial como teniente a la fuerza del ejército alemán y terminó como capitán del norteamericano, previo paso por la resistencia francesa; no sé, hay para elegir.

Y de entre todas elijo recordar cuando el general de Gaulle condecoró a mi abuelo con la Legión de Honor por su contribución con la Resistencia.

Por sobre todo, de generación en generación nos hemos transmitido a la libertad como valor supremo.

Hablanos de tu familia, de tus hijos y tu nieto ¿Qué ves de tus antepasados en la nueva generación Moscardini?

Estoy casado con Marcela. Tengo a Agustina, licenciada en Periodismo, hija de mi primer matrimonio, que está casada con Alejandro, técnico superior en seguridad e higiene y que tiene un hijo, mi nieto, al que llamamos Nessie, que tiene dos para tres años.

El sobrenombre Nessie, tiene un motivo: se llama Nahuel (elegido contra opinión del abuelo materno) y le dicen Nahuelito. Ahora bien, ya que lo llaman con el nombre de un monstruo de un lago, por lo menos que lo llamen Nessie, que es un monstruo escocés y más paquete.

De Agustina rescato el carácter fuerte de las mujeres de mi familia.

Mis dos hijos varones, Guido y Luciano.

Guido tiene 17 años y es un tipo brillante y disperso que está terminando el bachillerato y es un gran tirador, campeón nacional varias veces, dos veces maestro tirador a las 14 años (hay tipos, como yo, que después de toda una vida no hemos alcanzado esa categoría, que otorga la Federación Argentina de Tiro), un enamorado de la historia militar admirador de Napoleón; heredó de mi papá (a quien no conoció) fuertes convicciones políticas.

Luciano es un tipo serio y reservado, sólido como una roca. Tiene 12 años, una increíble confianza en sí mismo y es un encanto de pibe.

¿Cuáles son tus pasatiempos preferidos?

El tiro deportivo. Es mi único pasatiempo. Tirar los sábados, limpiar los fierros y recargar municiones. No me gusta cazar, pero me apasionan las armas y el tiro. Herencia de familia.

Un analista en tiempos de desastres

Compartí con nosotros alguno de los éxitos que lograste en tu trabajo como analista de riesgo.

Prefiero pensarme como un hombre de la protección civil más que como un analista de riesgo.

Dicho lo anterior, también te digo que en todos estos años se acumularon muchos logros y muchas frustraciones. Hablemos hoy de algunos logros, pero en otro momento me gustaría hablar de los fracasos, de los que se aprende mucho más.

Como primer recuerdo, bueno, la experiencia de El Chocón, porque fue el inicio de muchas otras actividades. Y fue muy especial en mi vida por el encuentro con don Julio.

El Convenio de Alerta Meteorológica por Tormentas Severas y Sudestadas en el Área Metropolitana, que después se extendió al resto del país, de 1988. Es el origen de que hoy te enteres por televisión o radio que hay un alerta meteorológica. Una medida de mi vejez es que soy el único miembro del equipo original que lo negoció y elaboró que todavía está en actividad.

El Comité Permanente de Seguridad de Presas, conformado por la entonces Dirección Nacional de Defensa Civil, y representantes de las ex empresas Hidronor y Agua y Energía Eléctrica, que entonces eran las dos principales propietarias y operadoras de presas en la Argentina. La idea era trabajar en la protección de las poblaciones aguas debajo de grandes presas de embalse y fue un éxito. Todos lo ignoran, pero fue la semilla del actual ORSEP (organismo regulador de seguridad de presas).

La redacción de los artículos de los pliegos de licitación referentes a la seguridad aguas debajo de grandes presas concesionadas a explotadores privados en la década del ´90.

Qué sé yo, la elaboración de la descripción del peligro sísmico en la República Argentina en tres tomos, el Atlas de Peligro Volcánico, 15 publicaciones científicas sobre el tema…

No me quiero olvidar del análisis de amenazas del Polo Petroquímico Dock Sud, que es el primer ejemplo mundial de uso de imágenes satelitales para la gestión de riesgo en instalaciones fijas. Implicó el uso de imágenes de muchísimo detalle, programas de procesamiento, sistemas de información geográfica y cartografía digital y el uso de modelos numéricos de dispersión de gases. Trabajamos un año con mi amigo Néstor Zirulnikoff, que hoy es uno de los mejores cartógrafos digitales de Argentina y el mejor sin duda de los que se dedican al análisis de riesgo; Dock Sud fue su primer trabajo en la especialidad.

Y, últimamente, los Protocolos de Gestión de la Información para Riesgos Específicos. Existe una comisión interministerial que funciona en el ámbito del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y que tiene por objeto articular la producción de los organismos científicos, tecnológicos y las universidades con las necesidades de la gestión de riesgo. En ese ámbito, elaboramos Protocolos para facilitar la reunión, transmisión, procesamiento y análisis de la información específica necesaria en la gestión de riesgo. La idea es que las relaciones institucionales formales suplanten a las redes informales que hemos venido usando desde siempre. Hoy la cosa funciona porque todos somos amigos, ex compañeros de facultad o alumnos o docentes del que tiene la información, pero eso, tarde o temprano, se va a terminar con la jubilación o con la muerte de lo que integramos esas redes informales. La idea es que el flujo de información no se detenga, transformando redes informales en acuerdos formales entre organismos.

¿Cómo fue tu experiencia enfrentando el desafío de aplicar teoría y empiria en este tema tan delicado?

No fue un desafío, fue algo que se dio naturalmente.

¿Te gusta leer? ¿Cómo ves a la comunicación en el proceso de gestionar el riesgo?

Me gusta leer. Soy un lector compulsivo de muchos temas.

La comunicación en gestión de riesgo es una herramienta que permite la articulación social. Sin conocimiento por parte de la sociedad no hay compromiso y sin compromiso no hay sustentabilidad de ningún proyecto.

Política, historia y futurología

¿Te interesa la política partidaria? ¿Cuáles fueron los hitos en la protección civil en Argentina?

No, dejó de interesarme hace rato. Hitos hubo muchísimos y, para variar, mi visión está muy sesgada y tal vez sea obsoleta.

Rescato la creación de la Dirección Nacional de Defensa Civil, hacia 1980, la designación del primer civil a cargo del área, en 1986, la gran transformación hacia una defensa civil nacional que contemplara las necesidades reales de las provincias y con presencia en las provincias que empezó en 1989, bajo la dirección de Ricardo Díaz Luján primero y de Nicolás González después, proceso que sigue con altibajos, pero sigue, aún hoy: la apertura formal e institucional hacia los organismos científicos y técnicos que inició Emiliano Respighi y, finalmente, el proyecto de ley de Protección Civil que se está tramitando en este momento.

¿Cómo comprendés la relación política-riesgo y cuáles han sido según tu opinión los modelos políticos que han abordado de manera más eficiente o interesante al riesgo de desastre?

Tengo una visión cínica de la relación política-riesgo. Creo que a los políticos en general y los nuestros en particular no les interesa hacer inversiones en materia de gestión de riesgos. Prefieren salir a emparchar.

Dos excepciones en que las cosas se hicieron bien: la reconstrucción de San Juan, pos terremoto de 1944, las medidas contra inundaciones en el conurbano y llanura circundante en el gobierno de Cafiero y el plan hídrico metropolitano del gobierno de Mauricio Macri.

En el primer caso las cosas se hicieron tan bien que San Juan capital pasó de ser la ciudad más expuesta de Cuyo a la más segura y, además, la comisión de reconstrucción nos regaló el INPRES (Instituto Nacional de Prevención Sísmica) para todos los argentinos. Cafiero hizo lo necesario para que ríos como el Matanza, el Luján y el Reconquista recuperaran su capacidad de evacuar excesos y el beneficio se vio durante años. Macri hizo las obras de alivio en el cauce del Maldonado que había que hacer para que Villa Crespo y Palermo no se inunden más o se inunden menos.

En general los políticos prefieren repartir colchones, zapatillas, mantas y comida, porque eso da rédito electoral inmediato. Las obras, son guita puesta en donde nadie la ve.

¿Cuáles serán los grandes desafíos de la humanidad en 50 años?

Encontrar fuentes de agua potable y el cambio de la matriz energética. Y la participación ciudadana real en la toma de decisiones.

Entrevista realizada por Nexo

Ilustraciones: Lilen Diaz - lidiazarte.blogspot.com.ar

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