ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO


Roberto Yañez Aguilar es un tipo macanudo. Conversador moderado, es ante todo un escucha, tal cual indica el manual de los buenos periodistas.

Dueño de una ligera ironía, que se desgrana picante desde su hablar cantarín, no la utiliza en lo más mínimo cuando asegura que en las canchas de fútbol es un Dios. Porque Roberto no sólo dirige las comunicaciones en Cruz Roja Chilena, sino que además es árbitro de fútbol.

El personaje que nos convoca es también -y ahí abandona la moderación para trocar en verdadero relator de su vida- padre de cuatro varones. De todas las edades; frutos de su primer y disuelto matrimonio y de la convivencia con su actual pareja.

Amante de su Santiago, los viajes por el continente no cambiaron un ápice su pasión por la capital chilena, que elegiría una y mil veces para vivir.

Como al resto de sus compadres, el terremoto-maremoto de 2010 le dejó una huella indeleble. Desde ese entonces, asegura, “en todos nosotros quedó la sensación de vulnerabilidad”.

Trabajar en Cruz Roja

¿Qué cambios introdujo en tu vida comenzar a trabajar en Cruz Roja?

Es una experiencia única, ya que la organización es muy demandante de tu trabajo, tiene que haber una mezcla de profesionalismo y vocación; no es una empresa donde uno cumple un horario y se va, acá el trabajo es constante, los desafíos que te plantea la organización humanitaria no permiten establecer un horario de trabajo, tienes que estar dispuesto para Cruz Roja los 7 días de la semana. En una emergencia como la vivida en Valparaíso con el incendio o el terremoto del norte del país, Cruz Roja tiene una mesa técnica que se activa y todos los miembros de la Sociedad nacional tenemos que estar dispuestos a aportar desde nuestra experiencia.

¿Cómo fue tu vivencia del terremoto-maremoto de 2010? ¿Qué es lo que más te impactó?

Para el terremoto del 2010 yo no pertenecía a Cruz Roja; sólo te puedo decir que Santiago sin ser epicentro era una ciudad fantasma, no había combustible para vehículos, supermercados cerrados, todo el mundo incomunicado. Fue una experiencia compleja no saber de familiares hasta tres semanas después, al país le costó tomar el ritmo y quedó la sensación de vulnerabilidad en todos nosotros. Por eso, cuando el 1 de abril fue el terremoto en el norte, muchos sabíamos lo que sufrieron esa noche los nortinos y nos pusimos en campaña para ayudarles.

¿Qué hay de tu experiencia educando al pueblo?

Siempre es importante transferir experiencias y conocimientos; el país obviamente está mucho más preparado que hace 4 años para un terremoto y un tsunami, y la labor que realiza Cruz Roja Chilena va en ese camino, prepararnos para que un fenómeno natural no nos afecte tanto y podamos reaccionar de buena forma.

Por supuesto que es motivador apoyar de esa manera a las comunidades vulnerables de este país y llegar con ayuda necesaria para la reconstrucción de sus medios de vida. Y seguir apoyándolos cuando los medios de comunicación no están y ya la tragedia no es noticia. Cruz Roja sigue apoyando a las personas que lo necesitan y no es un slogan, es como trabajamos acá.

Una infancia feliz

¿Cómo fue tu infancia? ¿Hay algún hecho en tu pasado que haya construido esa propensión a trabajar ayudando al desfavorecido?

Nací en la ciudad de Concepción, tuve una infancia muy feliz junto a mis padres y hermanos, tuvimos una época dura cuando mi padre se enferma de la columna y no puede trabajar; faltaron los recursos y había que arreglárselas para comer y para poder ir al colegio. Ese hecho me marcó y siempre en los trabajos en que he estado mi preferencia ha sido trabajar por apoyar personas con necesidades. Trabajé en un proyecto de alfabetización de adultos mayores, en becas sociales para capacitar a dueñas de casa y jefas de hogar, en una institución que entregaba capacitación y educación de los campesinos de Chile. Pensándolo muy bien, todos mis trabajos tienen un tinte social muy marcado y que me ha llenado expectativas profesionales y ha hecho crecer.

Hablános de tu familia, de tus hijos…

Soy divorciado, tengo cuatro hijos a los que quiero mucho y que están en diferentes etapas de su vida: dos hijos universitarios, uno estudia medicina y el otro ingeniería civil, y dos hijos chicos, uno de 10 años que me acompaña al futbol y compartimos mucho los fines de semana, y está el conchito de tres años que es regalón de su madre, mi actual pareja. Adoro a mis hijos, amo mucho a mi mujer que me acompaña y comprende el trabajo que realizo y la necesidad de estar presente en la vida de mis tres hijos que nacieron de mi fracasado matrimonio.

El rol del comunicador

¿Por qué sos periodista/comunicador? ¿Te gusta leer? ¿Cómo ves a la comunicación en el proceso de gestionar el riesgo?

La comunicación trasciende todos los aspectos de la vida, es un proceso tan importante que me es imposible pensar en trabajar en otro ámbito. No soy de los que lee mucho, no soy el más hablador en reuniones, pero analizo las situaciones comunicacionalmente y trato de usar la estrategia en mi trabajo y todos los aspectos de la vida. Para gestionar los riesgos es vital un buen programa y una estrategia de comunicaciones, la organización que se requiere y los soportes que se deben utilizar pasan esencialmente por un buen trabajo en esa línea.

¿Cómo analizás el debate que hay en torno a la comunicación de desastres? ¿Cuáles son las fallas? ¿Cuáles las prioridades?

Para mí lo esencial de la comunicación en desastres es trabajar en base a experiencias pasadas, lo vivido por la gente es un parámetro para proyectar un trabajo a futuro, las lecciones aprendidas como decimos en la Cruz Roja, la comunicación permitirá que todos los actores estén informados, preparados y organizados para enfrentar desastres en el futuro. Si me apuras con las fallas es el exceso de tecnicismos, de palabras rebuscadas, el exceso de academia para la preparación de documentos que terminaran archivados, lo vital es un trabajo de socialización con términos claros y precisos, con ejemplos en terreno. La prioridad sin duda en la preparación.

Describime tu experiencia en la actividad en Quito, Ecuador, en septiembre pasado.

Mi experiencia en Quito fue demasiado breve, me hubiese gustado poder haber contado la experiencia de Cruz Roja en Chile respecto a los desastres y a como enfrentamos dos emergencias nacionales. Sin duda relacionarse con la experiencia de otros países fue enriquecedor pero por lo poco del tiempo no pude traerme experiencias de países presentes. Lo mejor, la intención de crear un diseño que pueda ser aplicable a cada país y en la senda en la que está este proyecto, lo que quedó pendiente una reunión más larga y la profundización de los temas.

Dios en la cancha

¿Por qué sos árbitro? ¿Cómo conjugás ambas actividades?

Los fines de semana soy árbitro de futbol, es una pasión que tengo desde muy joven. Hace 10 años un amigo me invitó a participar como juez de línea en una liga de universidades y desde ese día no he dejado de trabajar en eso; no se paga mucho pero es gratificante poder ser un Dios dentro de la cancha, porque lo eres: tus decisiones se deben acatar y tu administras un juego que es muy lindo de practicar.

¿Te insultan mucho?

Por supuesto que me insulta la barra del equipo que se ve afectado por un cobro mío y he tenido situaciones complejas donde me han rodeado jugadores para increparme o tal vez golpearme, pero he salido airoso, nunca me han pegado en la cancha y eso me indica que soy bueno en lo que hago, por lo menos eso espero, jeje.

Mi vida transcurre entre la Cruz Roja, el arbitraje y mis hijos y me tiene completamente feliz y trato de organizar de muy buena forma cada día para que pueda realizar todo lo que me gusta. Hasta el año pasado hacia clases de Liderazgo y Trabajo en equipo, así que dejaba una foto mía en la pared de la casa para que mi mujer no se olvidara de mi cara. Cosas de la vida.

Entrevista realizada por Nexo

Ilustraciones: Noel Bidart - facebook.com/bidartnoel

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